¡Viva el comercio internacional!

La evidencia empírica muestra que existe una relación directa entre el grado de apertura de un país al mundo y el nivel de desarrollo alcanzado.

El mundo ha progresado significativamente durante los últimos dos siglos, y uno de los principales generadores de ese progreso es el crecimiento del comercio internacional. Lamentablemente, esa visión de apertura al mundo, de generación de naciones cada vez más integradas, está siendo cuestionada por el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El gobernante estadounidense se encuentra empeñado en una política proteccionista que, si bien puede traer algunos beneficios a corto plazo para su patria, probablemente a largo plazo deteriore, en términos relativos, la economía de esa nación. El proteccionismo incluso puede llegar a afectar la calidad de vida de los habitantes en el país que aún representa un mayor porcentaje de la economía mundial. Más aún, la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China podría llegar a niveles insospechados y ser el germen de una recesión mundial.

La importancia del comercio internacional para el desarrollo de un país está presente desde los albores del surgimiento de la ciencia económica. | Fuente: Freeimages

La importancia del comercio internacional para el desarrollo de un país está presente desde los albores del surgimiento de la ciencia económica en autores como Adam Smith, a través de su teoría de las ventajas absolutas, y David Ricardo, por su teoría de las ventajas comparativas. Ambas fueron actualizadas en el siglo XX, entre otros, por el economista sueco, Premio Nobel de Economía 1977, Bertil Ohlin y su análisis sobre la especialización de los países en su intervención en el comercio internacional. Sin olvidar a Michael Porter, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, por su análisis de las ventajas competitivas. Y es que el comercio internacional permite la especialización, y la especialización permite la sofisticación en los procesos productivos y por lo tanto el incremento significativo de la productividad. Dicho de otra forma: con la misma cantidad de recursos se puede producir más.

La evidencia empírica muestra que existe una relación directa entre el grado de apertura de un país al mundo y el nivel de desarrollo alcanzado. Si nos remontamos al período posterior a la Segunda Guerra Mundial, está claro que los países que más han progresado, desde aquel entonces hasta nuestros días, son aquellos que orientaron sus economías hacia el mercado global y no le tuvieron temor a la apertura comercial ni, por lo tanto, a la competencia mundial. Japón y Alemania, perdedores en la segunda gran guerra, no serían lo que hoy son sino fuera por su aprovechamiento de los mercados internacionales, si no hubieran orientado su crecimiento hacia el mundo. El progreso alcanzado por los cuatro tigres asiáticos originales (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong –cuando era protectorado británico– y Singapur) es una muestra de los países que más han progresado en el orbe. China es quizá el mejor ejemplo reciente de los beneficios del comercio internacional; su apertura al mundo implicó tasas de crecimiento de su producto bruto interno superiores al 10 %, y este país ha pasado de representar aproximadamente un 2 % de la economía mundial, hace cuatro décadas, a significar alrededor de un 15 % en la actualidad.

Finalmente, pensemos en Chile y Perú y los logros económicos de estos países en las últimas décadas. Primero fue Chile en los años 70 y después Perú en los 90, pero en ambos casos la lógica fue la misma: estabilidad económica y apertura al mundo. Chile y Perú son dos países que revelan las más altas tasas de crecimiento en América Latina y una mejora significativa de los niveles de vida de sus pobladores. Pensemos en cómo el Perú debe profundizar el modelo económico de estabilidad y apertura comercial. El modelo peruano ha permitido el surgimiento de nuevos sectores, como la agroindustria moderna, y consiguientemente la reducción significativa de la pobreza en este territorio.

Los organismos multilaterales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, deberían seguir trabajando en la búsqueda de la integración económica global. Un orbe más integrado permitirá el crecimiento del comercio y de la economía. En un entorno de fronteras abiertas, el mundo en general y el Perú en particular tienen mucho por ganar.

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