El despertar sexual temprano de nuestros niños, niñas y adolescentes

Ya sea en nuestro rol de padres o de maestros, como adultos debemos mostrar apertura y paciencia para escuchar y voluntad para explicar. Darnos tiempo para hablar sobre la sexualidad. No tener temor de hablar con ellos de estos temas, porque si no lo hacemos nosotros buscarán hacerlo en otros lugares y con otras personas, y en ese caso estarían expuestos a muchos riesgos.

Cada etapa de desarrollo tiene sus propias características, y lo ideal para lograr el equilibrio emocional es que sea vivida como corresponde, de acuerdo con lo que la persona necesita para aprender y entender lo que le pasa en correspondencia a su edad.

Pero ¿qué ocurre cuando nos saltamos cosas importantes de cada etapa y se adelanta el desarrollo en alguna de las dimensiones de la persona? Se quema la etapa y las experiencias que se debieron tener no podrán recuperarse, dado que ya se está en otro nivel de desarrollo, que no necesariamente es mejor porque sea más avanzado. Es ahí donde empieza el desequilibrio.

A mi parecer, esto es lo que está ocurriendo con nuestros niños, niñas y adolescentes. Se encuentran en la actualidad expuestos a un bombardeo de información, a una serie de estímulos, a interacciones a través de las redes, que los empujan a adelantarse a sus edades cronológicas en lo que respecta a la vivencia de su sexualidad. La sociedad los hipersexualiza, la sexualidad está en el centro de todo, el cuerpo pasa a ser un objeto de deseo, es erotizado a edades en que aún debería primar la inocencia y la ingenuidad.

Empecemos por la niñez: basta con ver los anuncios de publicidad, los programas con contenido adulto en horario infantil, la letra de las canciones, las imágenes que les aparecen en la red (niñas sexys vestidas y pintadas como chicas jóvenes, muchachas haciendo deporte en ropa muy escueta, niños modelando con ropa y poses de adolescentes). Recuerdo cuando mi hija menor era más pequeña y fuimos a un cumpleaños donde la animadora cantaba y bailaba al compás de las canciones de moda y hacía bailar a los niños y niñas al mismo ritmo del “Despacito” y otras canciones con letra para adultos. No tengo nada en contra de las canciones, pero cada cosa a su edad. Tuve que acercarme a un lado y decirle muy educadamente a la animadora que esas canciones y movimientos en el baile no eran adecuadas para esa edad, y que por favor cambiará de canciones. Felizmente me hizo caso, niñas y niños se divirtieron con canciones y bailes infantiles.

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. | Fuente: Freeimages

Lamentablemente, en ocasiones somos los adultos quienes dejamos que la hipersexualización que hace la sociedad de nuestros niños y niñas vaya ganando terreno. Nosotros somos muchas veces quienes promovemos las fiestas con temática para mayores, las maneras de vestir a nuestros niños como adolescentes, les ponemos disfraces de adultos (hace poco fue retirado del mercado un disfraz para niña de enfermera sexy), aplaudimos cuando nuestros pequeños muestran conductas de más grandes. No somos conscientes del daño que les hacemos. Les quitamos a nuestros hijos la capacidad de ser espontáneos, de disfrutar y divertirse jugando cosas de niños. Los empujamos a centrarse en cómo se ven, al asociar el éxito con la imagen corporal. Los confundimos y dañamos en su autoestima ya que se les exige un atractivo sexual que no tendrían por qué tenerlo.

Continuamos con la adolescencia: y es así como entran a este periodo, ya adelantados, escuchando géneros musicales como el trap  (que están destinados a un mundo adulto pero al cual tienen fácil acceso), bailando con movimientos simulando el acto sexual, imponiéndose una sexualidad adulta para la cual no están preparados ni física ni psicológicamente. Si le sumamos a esto la cantidad de información, imágenes y pornografía que encuentran en la internet, caeremos en la cuenta que su día a día está sexualizado.

Y empiezan entonces las iniciaciones sexuales a temprana edad. Según una encuesta realizada por el Ministerio de Salud (Minsa) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 40% de menores de 15 años en el Perú tiene relaciones sexuales. Muchos de ellos ya se inician desde los 13 años.

Está transición precoz a la vida adulta trae una serie de desajustes: niveles de frustración por no saber manejar emocionalmente lo que están viviendo, autoestima baja construida en base a ideales superficiales de éxito en relación a cómo se ven, adolescentes frágiles, susceptibles, manipulables, y consecuencias no deseadas como embarazos tempranos o contraer infecciones de transmisión sexual.

Cuando los adolescentes me preguntan cuál es la edad adecuada para tener relaciones sexuales y si creo que ellos ya podrían tenerlas, mi respuesta es que no, que aún no están preparados, que mientras más lo aplacen es mejor, hasta que estén listos para afrontar todo lo que conlleva el tener una vida sexual activa. Suelo decirles que una manera de saber si ya están listos para iniciar una vida sexual activa es identificar si podrían asumir a la edad que tienen las consecuencias de sus acciones.

Es por todo lo expuesto que hoy urge educar a nuestros niños, niñas y adolescentes en una vivencia saludable de su sexualidad. Distinguiendo la sexualidad  de lo que es el sexo o el acto sexual y entendiéndola como la vivencia de todo nuestro ser que incluye manifestaciones biológicas, psicológicas y sociales relacionadas con el hecho de ser hombre o ser mujer, y que incluye la manera cómo se piensa, siente y actúa.

En esta educación de la sexualidad estoy convencida que hay que tener las siguientes consideraciones:

  • La graduación de la información de acuerdo a la edad.  Información clara que puedan comprender y que al mismo tiempo les sea útil para tomar las mejores decisiones de acuerdo a su edad.
  • La formación en valores. La información sin formación no los prepara para la vida. Considerar el respeto como un valor central, que promueva el cuidado y el evitar hacer daño a otro(s), ni dañarse a sí mismos en la vivencia de su sexualidad.
  • No adelantarlos a su edad. Esa es nuestra responsabilidad. No promovamos eventos o situaciones que los expongan a vivir cosas que no corresponden a su edad.
  • Cuidar los accesos a internet. Enseñarles a discriminar cuando hay contenidos no acordes a su edad. Supervisar cada cierto tiempo lo que están consumiendo en la web y los contactos de las redes. Orientar sobre el tipo de conversaciones que son adecuadas y cuáles no. Alertar por si les piden fotografías o videos desnudos de ellos mismos.
  • Buscar actividades propicias para su edad y que ayuden a que no pasen tanto tiempo de pantalla: deportes, bailes, arte, actividades extraacadémicas, etc.

Y lo más importante es el diálogo y comunicación. Ya sea en nuestro rol de padres o de maestros, como adultos debemos mostrar apertura y paciencia para escuchar y voluntad para explicar. Darnos tiempo para hablar sobre la sexualidad. No tener temor de hablar con ellos de estos temas, porque si no lo hacemos nosotros buscarán hacerlo en otros lugares y con otras personas, y en ese caso estarían expuestos a muchos riesgos.

 

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