Cuestiones de la ideología: Bolsonaro en el poder

En el discurso inicial del nuevo gobierno de Brasil, se evidencian un conjunto de nociones que sirven para vislumbrar el futuro inmediato del “gigante sudamericano”. Es necesario analizar sus propuestas, considerando la importancia geopolítica y geoeconómica que posee nuestro país vecino

Hay una idea, entre tantas, que puede resumir la postura ideológica de Jair Bolsonaro y que fue vertida en su discurso inaugural como presidente de Brasil: “educación para el mercado laboral, y no para la militancia política". Esta declaración sintetiza, de forma contundente, la concepción de sociedad que maneja Bolsonaro. Para él, un país, una estructura social y cultural desarrollada en el tiempo, queda reducida a una fábrica o empresa.  Así, en ese proyecto de sociedad, la formación del ciudadano cede su lugar al consumidor. Por ello, estamos asistiendo a la desaparición premeditada de la dimensión política, en pos de una condición exclusivamente económica.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. | Fuente: Jair Bolsonaro

En esa misma línea argumental, la reflexión y problematización pública, no es más que un estorbo para la dimensión productiva. Al ejercicio crítico de la ciudadanía, se le acusa de “militancia ideológica”, de un aspecto molesto que dificulta la eficacia económica. La deliberación política se transforma en un vestigio peligroso que debe ser eliminado a fin de favorecer una visión “técnica” de la sociedad.

Los que aplauden este tipo de creencias, no han tomado en cuenta la enorme carga ideológica que conlleva afirmar la primacía de determinada técnica económica sobre la deliberación política y teórica. Pues se asume que existe un modo universal, de dogmas económicos inconmovibles, que pueden ser aplicados de forma indiscriminada en cualquier situación social específica. El vademécum de las políticas económicas ortodoxas: privatizaciones y desregulaciones que bien conocemos. Todo esto es una manifestación paradójica de la “falacia del constructivismo” de la que hablaba Hayek en su Fatal Arrogancia (1989), uno de los mentores teóricos del ministro de economía del gabinete Bolsonaro, Paulo Guedes.

Otra de las ideas que evidencian la orientación de Bolsonaro, es la utilización del credo religioso y las prácticas culturales con fines ideológicos. La declaración “vamos a unir al pueblo, valorizar la familia, respetar las religiones y nuestra tradición judeo-cristiana", armoniza claramente con su apuesta de exclusión de la dimensión política. Pues se parte de una idea de fe cristiana reducida al ámbito privado y familiar, alejada del cuestionamiento profético y social del cristianismo. Se trata del uso de la religión como una plataforma de control social y cultural, tal como fue estudiado por los pensadores y científicos del siglo XIX, como Weber y Durkheim, entre otros.  Y que fue superado por el pensamiento social, católico y evangélico en el siglo XX. Las grandes iglesias históricas cristianas, han postulado la necesidad que el creyente se interese por los problemas de su mundo y que participe en la construcción de una sociedad justa y solidaria.

Otras propuestas como la eliminación del Ministerio de Trabajo (que también se ha dado en la Argentina, con Macri) y la reducción de la influencia de los pueblos originarios sobre la Amazonia, son parte del mismo proyecto de rediseño integral de Brasil. Pues se busca  poner al servicio de la rentabilidad económica, al  trabajo del ser humano y a los bienes naturales.

Debido a la radicalidad ideológica de Jair Bolsonaro y de su entorno, es muy probable que se generen reacciones sociales imprevistas, que escapan al modelo de gestión que busca imponerse. La historia humana del último siglo y medio, nos enseña que los procesos políticos y sociales son muy complejos y poseen un alto índice de incertidumbre. No se puede imponer una idea al mundo asumiendo la inercia del mismo. Ahí se evidencia la mayor fisura ideológica de Bolsonaro: pretender que la realidad es inmóvil.

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