Quince años de espera se resumieron en horas de euforia, clásicos y emoción compartida.
Por José Farfán
A las diez de la noche, cuando las luces comenzaron a teñir el recinto de neón y los primeros bajos de tech house sacudieron el aire limeño, quedó claro que no era un concierto más: era una cita con la memoria. Fanáticos de distintas generaciones (hoy mayores de edad, pero con el mismo pulso acelerado de hace quince años) se reunieron para revivir el electro que marcó una era, esa electrónica progresiva que parecía dormida en los años 2000.
Aquí no pesan las edades, solo el deseo de pasar una gran noche llena de luces y sonidos de la electrónica progresiva. Con mucha emoción, los asistentes corrieron hacia sus posiciones para presenciar aquel momento que habían esperado por más de 15 años.
Las luces y los sonidos se volvían cada vez más intensos al acercarse la hora de la presentación del amado DJ. A la 1 de la madrugada, el legendario Deadmau5 hizo su ansiada aparición, generando melancolía al retroceder el tiempo de manera fugaz hacia la época dorada de la electrónica: los años 2000. Acompañó su entrada con un grito lleno de emoción: "¡Hola, Perú!".
Al compás de las mezclas y del retumbar techno, realizaba el gesto característico de su personaje, girando manos y dedos en lo alto del escenario de manera eufórica, pero a la vez relajada. A la 1:30 de la madrugada sonó Ghosts N Stuff, uno de sus clásicos y considerado un himno por la multitud, mientras empalmaba otras melodías como Animal Rights y Raise Your Weapon de forma consecutiva.
Entre los asistentes de mayor edad, la emoción fue incontenible: se abrazaban tras el golpe nostálgico que provocaron los sonidos míticos del Mau5 en sus corazones, melodías de electro como comhouse, minimal techno y progressive house. Además, estuvo presente en todo momento el icónico casco de ratón que lo ha acompañado a lo largo de su carrera y que, hasta hoy, sigue siendo símbolo de aquella época.
A las 3 de la madrugada, a mitad de la presentación, hizo una breve pausa para agradecer al Perú, especialmente a Lima, por el cariño brindado. Mencionó, con sorpresa, que no podía creer que ya hubieran pasado más de 15 años desde su última presentación en tierras peruanas, recordando con sarcasmo que muchos de los asistentes de hoy entonces eran "unos niños".
La presentación culminó cerca de las 4 de la mañana. En sus últimos momentos sobre el escenario, dio saltos al ritmo de sonidos aún más intensos y cargados de euforia. No desaprovechó la oportunidad de girar las perillas al compás de When the Summer Dies, dejando como mensaje el "black smoke", mientras lo acompañaba su fiel llama breve que dibujaba un aliento gris en la oscuridad. Así terminó el recorrido al pasado, agradeciendo una vez más y dejando abierta la promesa de un próximo encuentro.