Lentes miopes, o la crisis de la derecha peruana

Es frecuente que se diga que en el Perú la democracia es disfuncional, ello es verdad, pero el problema de fondo es que las instituciones de esa democracia, tanto el congreso, como el Poder Judicial y la mayoría de las instituciones públicas son muy poco legítimas.

Centro Wiñaq

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Es frecuente que se diga que en el Perú la democracia es disfuncional, ello es verdad, pero el problema de fondo es que las instituciones de esa democracia, tanto el congreso, como el Poder Judicial y la mayoría de las instituciones públicas son muy poco legítimas. Es decir, la democracia peruana y sus instituciones carecen de la necesaria legitimidad.

En los últimos años el congreso se ha visto severamente deslegitimado al haberse posicionado o dejarse posicionar en el lado perdedor de las polarizaciones políticas más importantes de ese período: ser los referentes del fujimorismo, asumir una confrontación que terminó en su disolución y, posteriormente, llevar a cabo la vacancia de un presidente, en aquél entonces, popular. Esos fueron enfrentamientos amplios en que participaban no solo los partidos políticos sino también gran parte de los medios de comunicación y lideres de opinión, y el congreso estaba del lado perdedor.

Agréguese a esto que la legitimidad del Poder Ejecutivo en Perú depende en forma crítica de las intenciones percibidas por la población antes que de la calidad de la gestión de los asuntos públicos. Vivimos en un país en que la peor gestión sanitaria del planeta, que costó la vida de alrededor de 200 mil muertos (tres veces lo del terrorismo), no afectó la popularidad del presidente responsable del desastre, pero que una sola vacuna cuestionable derribó dicha popularidad. En Perú es la percepción del personaje político, más que la calidad de gestión, el principal determinante del capital político del Presidente de la Republica.

La clase política peruana es poco numerosa y con pocos recambios, sin embargo, el problema principal no es su tamaño sino el desbalance en los instrumentos de análisis y de acción política de la derecha respecto a la izquierda.

En ese campo la desventaja de la derecha es grande. La izquierda y la centroizquierda disponen de una batería mucho más amplia y sofisticada de instrumentos políticos, especialmente en lo referente a la calificación ética de los actores sociales y políticos y las intenciones que se les atribuye. A la hora de juzgar éticamente la conducta de políticos y empresarios los sectores que están a la izquierda del centro se encuentran mucho mejor posicionados, y no se puede subestimar la importancia del discurso ético en los conflictos políticos.

Un factor agravante es que, una parte significativa de la derecha tiene una fuerte inclinación hacia las teorías conspirativas limitando su capacidad de observación y análisis de lo que está sucediendo en el país. Es común que se imaginen a George Soros, el G2 cubano y al Foro de Sao Paulo como las explicaciones centrales de fenómenos políticos que son, básicamente, de origen interno. No son pocos los grupos de izquierda que comparten ese vicio, con otros personajes naturalmente, pero en su caso les hace menos daño.

El descuido de la política por parte de las élites peruanas se debe en gran medida a su interpretación del éxito de la economía en los últimos 25 años, a su sobreestimación de la legitimidad de un modelo económico que redujo la pobreza y aumentó la clase media en forma extraordinaria. La élite dormía tranquila celebrando el éxito económico y social del modelo de libre mercado. Creían que, si la pobreza y la desigualdad social se estaban realmente bajando, entonces todo debería estar bien, sin necesidad de confrontar los discursos de sus rivales. Lo que no entendían es que ese éxito económico y social también creó piscinas de riqueza disputables, pero las élites no crearon las narrativas ni los mecanismos institucionales para su protección.

Congreso
| Fuente: Andina

No estamos en Noruega. Vivimos en un país en que toda piscina de riqueza disputable genera actores políticos que desarrollan mecanismos y narrativas para justificar su apropiación interesada. En un contexto así, los éxitos pueden ser antesalas de tragedias.

Hoy en Perú, esas piscinas son grandes y variadas: el presupuesto del estado, los contratos públicos, las reservas nacionales, la credibilidad financiera del país, los cargos del estado, los fondos de pensión (públicos y privados), la rentabilidad de las industrias extractivas, los ingresos de la agroexportación, etc. No son cantidades menores, ¡son cientos de miles de millones de dólares! Para la izquierda y los populistas en general, todas y cada una de esas piscinas de riqueza son oportunidad de apropiación para la creación de capital político y económico.

Si bien la captura de rentas es una actividad común en los sectores mercantilistas de los empresarios, en las izquierdas y demás populistas ello es su razón de ser y principal mecanismo de acumulación de poder y de alineamiento de fuerzas. Es para apropiarse de esas riquezas que ellos se organizan y trabajan sistemáticamente, año tras año.

El manejo de esas piscinas de riqueza está concebido por medio de políticas públicas y su legitimidad está sustentada en los discursos de lucha contra la desigualdad social. Es con ese discurso de justicia que ellos logran apoyo social para sus políticas, a pesar del daño real que hacen a la economía de la población.

El análisis de los “conflictos socioambientales” ligados a la minería permite ver que, más allá del discurso ambiental de todos, gran parte de esos conflictos, aunque no todos, son en realidad disputas de rentas organizadas por empresarios depredadores, y por abogados y líderes sociales ambiciosos y deshonestos que buscan apropiarse de la riqueza generada por la minería. Naturalmente, ellos camuflan sus intenciones con un discurso de injusticia y agravio.

Algunos reclaman que la pugna y el enfrentamiento en la política peruana es un mal y creen que podría ser mejor si fuera menos polarizada, pero la política es así en muchas partes del mundo, y en mayor grado en América Latina. Los estudiosos de la política explican que ella se hace con polarizaciones. Es generando polarizaciones ganadoras que se destruye a los enemigos, se construye capital político y se lo defiende. El gobierno de Vizcarra fue una evidencia del manejo efectivo y destructivo de dicha técnica. Bruce Bueno de Mesquita en el “Manual del Dictador” y en otros de sus muchos libros lo explica bien, y sus alumnos tienen excelentes tesis de PhD ilustrando ese entendimiento de la política.

La élite peruana ha descuidado la política, sin ver el aumento de los riesgos de disputa de renta política provocado por el éxito del modelo económico. Una parte importante de esa élite ha dedicado su energía e inteligencia a los negocios, dejando la política en manos de otros: claustro universitario, medios periodísticos, partidos políticos poco preparados, empresarios y políticos depredadores, etc.

No son pocos los grandes empresarios que creían que, enfocándose en la gestión y competitividad de sus empresas, su presente y su futuro estaban seguros. Subestimaban los riesgos que el éxito económico genera. Es posible que hoy algunos comiencen a darse cuenta de su error, pero el costo de ese descuido será muy alto.

Ese no ha sido un error exclusivo de la élite peruana. Hasta cerca de dos años atrás, los empresarios chilenos también se sentían seguros. Creían que, con los logros de su modelo económico, la buena calidad de sus instituciones (número 25 a nivel global, junto con los EE. UU.) y un sistema de partidos muy estable, no podría haber sorpresas. Jamás se imaginaron que una ola de insatisfacción social fuera barrer con sus partidos políticos históricos, elegir una asamblea constituyente poblada de actores improvisados y con mayoría de izquierda, y terminar, eligiendo a un presidente que parece ser a una versión postmoderna y juvenil de Salvador Allende.

Siglos atrás el éxito económico de algunas ciudades generaba un riesgo de saqueo tan alto que las obligaron a asumir los altos costos de construir murallas y, aún con gruesas paredes de piedra, muchas de ellas no pudieron evitar caer en manos de los Vikingos, de los bárbaros o de los ejércitos imperiales. Hoy los nuevos bárbaros son los políticos y empresarios depredadores. Sin murallas de legitimidad social y sin mecanismos institucionales de protección, las piscinas de riqueza creadas por el éxito económico se vuelven presas indefendibles ante los populistas de toda índole.

Los populistas, y en especial la izquierda, han percibido con claridad que sus posibilidades de éxito personal y grupal depende del acceso a las piscinas de riqueza generadas por el desarrollo económico, y sus miles de militantes se dedican masivamente a la actividad política. Todos sabemos que la experiencia práctica es una de las principales fuentes de aprendizaje en cualquier campo y los militantes de izquierda (Bellido, Cerrón, Mendoza y hasta Castillo) tienen muchos más años de militancia política que la mayor parte de la élite peruana.

La otra fuente de aprendizaje de la política es el estudio y la investigación. Pero, éstos han sido dejado en manos de la centroizquierda por décadas consecutivas. Un mapeo de los centros de estudio de política de las universidades peruanas deja a los sectores pro-mercado muy mal parados. Sin dedicación profesional sistemática es muy difícil producir buenos análisis políticos para cada una de las disputas que van emergiendo todos los días. Nadie es tan inteligente.

La suerte del Perú, en las últimas dos décadas, es que la izquierda tiende a cometer tantos errores que se descalifica a si misma, pero en toda ruleta rusa, llega el momento en que la bala llega al cañón, y ahí termina el juego, dejando en manos de generaciones futuras la tarea de salvar el país.

Es hora de que las élites peruanas y los sectores que apuestan por la democracia y el desarrollo se dediquen seriamente a entender la política y a construir instrumentos de protección del futuro del Perú.

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