La visita de Mike Pompeo

La estrategia de Pompeo es buscar la alineación de la región en términos del impacto positivo o las ganancias relativas de comercializar con los Estados Unidos.

Antes de cerrar la primera quincena del mes de abril, el Perú (así como parte de Sudamérica) recibió la visita del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, quizás en línea de mando un personaje con bastante poder dentro del mundo internacional. Por ello, su accionar e influencia dentro de Latinoamérica es de importante reflexión.

Pompeo inició un viaje a Sudamérica visitando cuatro países: Chile, Colombia, Paraguay y Perú. Según medios de comunicación, dos elementos pesan en la decisión de Pompeo de visitar la región. El primero, marcar algún tipo de presencia en contra de la situación en Venezuela (por ello la explícita visita a Cúcuta en Colombia, frontera con Venezuela). El segundo, no olvidemos que Pompeo es un hombre que ha trabajado en Inteligencia, marcar un posicionamiento frente al avance de China. ¿Logrará Pompeo ejercer algún tipo de influencia en la región?

El primer punto de agenda se ve como algo real que va más allá de lo declarativo, el ejercicio político de visitar zonas afectadas permite establecer grupo de acción y una agenda. Pompeo enfatiza en lo importante que se ha convertido la Cancillería del Estado Peruano como un eje articulador en proveer soluciones a la situación en Venezuela; con este argumento confirma que el Grupo de Lima tiene el apoyo de los Estados Unidos. ¿Qué implica ello? Seguir agotando las vías propiamente democráticas para que en Venezuela se dé una transición pacífica. Y con ello, calmar los rumores de una posible intervención militar.

La visita de Pompeo puede haber sido corta, pero ha buscado desarrollarse como un nuevo reinicio a entender la mirada de los Estados Unidos sobre Sudamérica bajo las miradas políticas y económicas. | Fuente: Andina

La coordinación con organizaciones internacionales es vital para ayudar a resolver la crisis humanitaria en términos de corto plazo. En un futuro mediano la presión por restaurar la democracia será el objetivo del Grupo de Lima y sus aliados, así como cerrar fronteras frente a la intervención rusa y china. En el largo plazo la reconstrucción de Venezuela política y económicamente será lo central en la agenda doméstica.

El segundo punto de agenda es un poco más complicado: China, desde el año 2014, figura como el primer socio comercial de la región sudamericana según la Cámara Internacional de Comercio (Trademap). Para el 2018 los niveles de exportación de la región al país asiático superaron los 113 mil millones de dólares, mientras que el valor de los productos importados de China llegó a los 95 mil millones de dólares, poniendo a la región en una posición competitiva con un superavit comercial.

Es en este panorama, y con estas cifras, que Pompeo plantea una estrategia de buscar la alineación de la región en términos de desarrollar impactos positivos o ganancias relativas de comercializar con los Estados Unidos. Asimismo, la visita ha buscado alertar la posibilidad de hipotecar activos futuros con el objetivo de desarrollar cierta liquidez financiera de corto plazo (vía préstamos de gobierno a gobierno), y esto materializado en inversión extranjera directa que tanto necesita la región para desarrollar su competitividad si es que desea sostener y mejorar sus niveles de exportación. En este proceso inversionistas de la China han puesto la mira en varios proyectos de infraestructura en la región que le permita capitalizar sus relaciones económicas y políticas.

Sin duda, este segundo punto se torna en una discusión abierta por tres motivos:

  1. China, como economía emergente, todavía tiene potencial de crecimiento y la mirada hacia adentro que se está desarrollando puede generar una nueva clase media con oportunidad de comprar no solo minerales, que es nuestro principal producto, sino bienes finales de mayor valor agregado, que es donde se pueden aprovechar estrategias de nichos y mercados de alto volumen. La región sudamericana es consciente del alto costo de oportunidad en desarrollar una alineación con los Estados Unidos (y perder a un potencial socio como China), con el objetivo de dar un apoyo implícito a favor de la guerra comercial iniciada por la Administración Trump. El Secretario Pompeo debe tener claro que lo importante es presentar y negociar nuevos alcances comerciales, mas no imponer una renegociación unilateral.
  1. China ha prometido varios proyectos de gran envergadura, tipo “Belt and Road Initiative”, que buscar posicionarse, en este caso particular, comercialmente en mercados occidentales. Sin embargo, este tipo de proyectos todavía esta pendiente de materializarse en un largo plazo. Es por ello que la posición y avance geopolítico de China, disfrazados de este tipo de iniciativas, preocupa a la actual administración estadounidense.  Aunque China ha realizado declaraciones de proximidad con Latinoamérica, esto no se ha materializado en grandes proyectos de infraestructura tipo “Belt and Road Initiative”. Más bien se ha enfocado en apoyar proyectos poco democráticos como es el caso de Venezuela. Es sobre esta base que Pompeo debe formular propuestas concretas que se enfoquen en mejora de productividad, desarrollo e integración de la región.
  1. Economías como la peruana se encuentran con problemas de cerrar los huecos fiscales producidos en los últimos años. Es así que China ve una oportunidad en transformarse en prestamista gubernamental. Esta situación se percibe como de alto riesgo, ya que el país asiático puede desarrollar una mayor influencia que no solo se limita a temas comerciales, sino de dirección de política doméstica. La pregunta clave aquí es ¿qué puede ofrecer Estados Unidos a cambio para no desarrollar relaciones financieras con China? Pompeo ha advertido los posibles riesgos financieros en acceder a préstamos gubernamentales, sin embargo, Estados Unidos no ha mostrado una clara alternativa al respecto. Es más, lo que se aprecia es cómo la Administración Trump no ha podido cumplir con sus propios cierres fiscales e incluso instrumentaliza el uso de recursos fiscales a cambio de propuestas políticas como la construcción del muro en la frontera con México. Sin duda, Estados Unidos, tampoco predica con el ejemplo y utiliza la presión fiscal para objetivos políticos.

Dicha visita puede haber sido corta, pero ha buscado desarrollarse como un nuevo reinicio a entender la mirada de los Estados Unidos sobre Sudamérica bajo las miradas políticas y económicas. Esto todavía deja muchas dudas de cómo se están desarrollando los ejercicios de influencia en la región, si esto se hará sobre la base de mecanismo de cooperación, acercamientos de identidad bajo la amenaza de China, el ofrecimiento de nuevas posibilidades comerciales, entre otros. A pesar de que China y Estados Unidos compiten por el liderazgo en la región, Sudamérica debería mirar a ambos competidores con mucha cautela y no tomar decisiones apresuradas.

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