Sr. Castillo, ser presidente es servir al pueblo y no servirse del pueblo

Los argumentos de su discurso muestran un evidente sesgo de su opinión, olvidando reiteradamente la fuente de legitimidad de cada institución del Estado.

Luis Ortigueira

Luis Ortigueira

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A pesar de que ser presidente convierte al candidato en el máximo servidor público del país, aquel que debe velar por el bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos del Perú, la actuación del Sr.Castillo Terrones parte de una tergiversada creencia de los que significa ser el jefe del Estado, pues la generación constante de enfrentamiento entre los ciudadanos marcando diferencias de todo orden no es sino un incumplimiento reiterado del juramento presidencial. Aquel que reza preservar “la integridad, independencia, y unidad de la Nación”.

Muy por el contrario, en el día 7 de diciembre de 2022 el Sr. Castillo ha incumplido su juramento, que le obliga a guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes.

Tras analizar el discurso de justificación esgrimida por él mediante la aplicación de un análisis de sentimientos (técnica computacional), se comprueban varios aspectos. En primer lugar, un sentimiento negativo predominante en el discurso por encima de aspectos positivos como eje central y retorno invariante de aquel que utilizara Bellido

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En segundo lugar, la nube de palabras (elaborada mediante minería de texto) que representa la frecuencia de uso de cada término en el discurso refleja el término Congreso como expresión máxima de la dirección de sus alocuciones. Ello indica una máxima preocupación sobre el resultado de la votación y en consecuencia el elemento gatillador de su accionar.

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En tercer lugar, la clasificación terminológica el discurso resultado de consulta de frecuencia de términos clave, resultado de aplicar un análisis cualitativo mediante una técnica computacional, refleja el contraste Congreso - Ejecutivo como elemento de contraposición.

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Los argumentos de su discurso muestran un evidente sesgo de su opinión, olvidando reiteradamente la fuente de legitimidad de cada institución del Estado y buscando apropiarse de la voluntad popular al margen del control Constitucional, Legislativo, Administrativo y Social. Como si la posición presidencial fuera una patente de corso para tomar cualquier decisión que le plazca, en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Para, sin prueba alguna de que la ciudadanía reclamara en modo alguno su decisión y sin legitimidad alguna para llevarla a cabo, declarar un gobierno de excepción con absoluta desfachatez y falta de respeto al orden constitucional para de ese modo mediante el asalto al sistema judicial obligar a la totalidad de la ciudadanía a acatar su voluntad con absolutismo; y volver al origen de sus deseos que dejara oculto en su día el premier Bellido en su discurso inaugural, crear una asamblea constituyente sin revelar desde los inicios de su mandato la motivación para llevarlo a cabo.

Queda por saber quiénes le acompañaron en este alocado viaje de deshora del puesto presidencial, como cómplices de querer apropiarse del resultado de 200 años de historia. Pues tan culpable es el que lo comete como el que lo incita, promueve, motiva y alienta.

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