Actuar por un mejor Congreso

Nuestras autoridades tienen la responsabilidad de restituir el verdadero valor del Estado, revalorar el beneficio del debate productivo y reintroducir en cada uno de nosotros el sentido del bienestar colectivo sobre el particular.

Marcel Ramírez

Marcel Ramírez

COMPARTE

A menos de un mes de las elecciones congresales, la campaña se va perfilando como una competencia por votos a cambio de propuestas que intentan satisfacer las expectativas de los indignados ciudadanos. Esto no siempre conduce a los mejores resultados.

Las reglas vigentes han propiciado una gran dispersión de candidatos y propuestas, lo cual dificulta la posibilidad de los ciudadanos de elegir a los mejores candidatos; se le concede mayor poder a los ofertantes/candidatos del “mercado” y se le resta poder a los demandantes/electores.

Al margen de esta situación y considerando el corto tiempo que tendrían para desarrollar sus responsabilidades, la pregunta sigue siendo: ¿qué deberían llevar a cabo los nuevos parlamentarios?

La competencia por ser parlamentario se ha reducido a planteamientos reactivos ante la insatisfacción ciudadana (ser elegido como un fin en sí mismo y no como el medio), pero un buen Congreso debe ser capaz de ir más allá de ser la caja de resonancia de la indignación irracional y expresar más rigurosamente las necesidades estructurales de los peruanos de hoy y de los que están por nacer.

El Congreso no debe olvidar que el proceso de su elección es solo el inicio de una relación que debe propiciar que sus acciones repercutan permanentemente sobre el bienestar de los ciudadanos. El clásico problema “agente-principal” implica que como ciudadanos somos el “principal” y los parlamentarios “nuestros agentes”, por lo que se justifica todo mecanismo que permita el escrutinio; así como los ciudadanos los elegimos, debemos estar en capacidad de monitorear su actuar en forma permanente.

No necesitamos un Congreso que sea conflictivo por naturaleza, exigimos un Congreso que esté a la altura de los retos del país, especialmente cuando las decisiones y reformas buscarán mejorar las oportunidades de peruanos que están por nacer. Es fundamental dejar de lado el protagonismo y reconstruir su rol de representatividad de los intereses colectivos a través de alianzas políticas pro bienestar. La mejor forma de reconstruir la confianza es abrirse al escrutinio de los ciudadanos y reducir los privilegios que los alejan de ser ciudadanos.

Los objetivos de su corta gestión deberían tener dos dimensiones; reconstruir la confianza en el Poder Legislativo y asumir su rol de fiscalizador. Respecto a la primera dimensión, debe: i) reforzar una verdadera cultura de transparencia, mayor y mejor información de su gestión, especialmente sobre los gastos que asumen por parlamentario/bancada, y así dar la señal de austeridad y eficiencia en su gestión (indispensable constituir un contometro virtual que muestre diariamente los costos que se van generando por su funcionamiento); ii) redefinir reglas que sancionen ejemplarmente las inasistencias a sesiones de Comisiones Ordinarias, Extraordinarias; iii) introducir mecanismos de gobierno abierto y participación ciudadana a través de una plataforma virtual que acerque la labor diaria de los parlamentarios con los ciudadanos a quienes representan (experiencia de Ecuador Decide vale la pena evaluarla).

Respecto de su trabajo de fiscalización: i) exigir rendición de cuentas al Ministerio de Economía y Finanzas y la PCM respecto a la ejecución del presupuesto 2019, así como de la efectividad del sistema tributario vigente y de las proyecciones de ingresos para el 2020; ii) exigir al Ejecutivo la aprobación urgente del Plan Estratégico de Desarrollo Nacional (PEDN) a cargo del CEPLAN (PCM), sin la visión de desarrollo futuro difícilmente se podrán tomar decisiones con visión de largo plazo; y iii) revisión de los Decretos de Urgencia emitidos por el Ejecutivo durante el interregno parlamentario y así determinar su adecuación a las normas y objetivos vigentes.

 

| Fuente: Andina

Nuestras autoridades tienen la responsabilidad de restituir el verdadero valor del Estado, revalorar el beneficio del debate productivo (el debate sin consensos refleja el deseo de mantener privilegios ganados aunque sean insostenibles colectivamente a futuro) y reintroducir en cada uno de nosotros el sentido del bienestar colectivo sobre el particular. Toda decisión de política tiene un costo, por lo que salir del entrampamiento requiere asumir sacrificios, tanto Estado como ciudadanos debemos comprometernos todos a dejar la corrupción, la ilegalidad y la informalidad que cada uno tenemos enraizadas en nuestro actuar. Soñar no cuesta nada y tal vez en los próximos meses el nuevo Congreso podría sentar las bases que refuercen positivamente la idea que el Perú puede acercarse al desarrollo y dejar de solo cruzar los dedos para no decrecer.

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.