El Bicentenario y la carrera por la vacuna

Este año no tendrá las mismas consecuencias para la población peruana, y es que las dinámicas político-económicas apuntan a una distribución desigual de la vacuna. Y ello ocurre en el año del Bicentenario de la independencia del Perú.

El 2021 será el año de la vacuna contra la COVID-19, pero no lo será para todos. Indudablemente, así como el virus no afectó de igual manera a todo el mundo y, sobre todo, a los peruanos; ahora vemos cómo la vacuna no llegará a nuestro país ad portas de nuestra celebración del Bicentenario. Lo que parecía ser la afortunada expectativa de una renovada identidad nacional no es sino una constante incertidumbre, sentimiento que parece haber nacido junto con nuestra llamada constitución como república.

Y es que la vacuna se ha convertido en una herramienta más de la geopolítica. No solamente la que ahora anhelamos, sino que las vacunas contra el cólera o la malaria ya reflejaban estas dependencias e interdependencias a nivel mundial. Pero dadas las condiciones de esta pandemia y su alcance global con impactos nunca vistos permite que gane peso en la agenda internacional.

Este año no tendrá las mismas consecuencias para la población peruana, y es que las dinámicas político-económicas apuntan a una distribución desigual de la vacuna y, por lo tanto, el impacto será diferente en las diversas familias del país. Algunas estimaciones indican que incluso recién en el 2024 se lograría una vacunación a nivel global. Ello trae consigo volver al proteccionismo. Tal es el caso, por ejemplo, de Estados Unidos que en los próximos meses pueda llegar a controlar una cuarta parte del suministro mundial, o China y su desembarco en África y otras latitudes con ciertas reglas de juego que podrían incluir silencios de países en temas álgidos como los de derechos humanos.

Algunas estimaciones indican que incluso recién en el 2024 se lograría una vacunación contra la COVID-19 a nivel global
Algunas estimaciones indican que incluso recién en el 2024 se lograría una vacunación contra la COVID-19 a nivel global | Fuente: EFE

Pero también esta situación se traduce en nuestro país con un juego político. Lo más probable es que las noticias alentadoras de la vacuna se den a propósito del calendario electoral, esto aprovechando la memoria frágil y procurando obtener réditos. Sin embargo, como menciona Mirko Lauer a propósito de la reciente entrevista a la historiadora Carmen McEvoy, la pasividad del gobierno encarnada en el presidente no evita la vacancia. Es así que mientras se dan los juegos perversos de la política, la desigualdad social seguirá manifestándose en temas fundamentales como la distribución de la vacuna.

Y pensando en las palabras de la historiadora, es verdad que estamos llegando al Bicentenario de la independencia casi sin oxígeno para sobrevivir y también sin vacunas para protegernos. Sin embargo, es la sociedad solidaria, resiliente e inclusiva la que nos permitirá afrontar con otros ojos este difícil proceso que significa vernos a nosotros mismos y decir “podemos cambiar y tener el bien común como objetivo”. Sin embargo, esto no es posible sin un cambio radical que consiste en la protección del Estado. La aparente inacción frente a los acontecimientos mundiales nos puede golpear fortísimo en la cara y nada peor que repetir los errores año tras año, doscientos años después.

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