Aun desde el odio hay que recordar que el suicidio de un ser humano es un tema sensible. Siempre hay una familia o personas cercanas que sufren. Más allá de nuestras posiciones políticas, como psicólogos, nos toca tener empatía con ellos. No se trata de negar la historia ni de ignorar las acusaciones de peso sobre él; pero una cosa es reconocer la realidad del caso y otra hacer mofa sin considerar los sentimientos de los demás.
Desde el cariño, en esta situación difícil, el impacto emocional puede nublar el pensamiento y tratar de formular explicaciones frente a un hecho que no se termina de comprender; pero hay que tratar de no responsabilizar al proceso judicial y sus agentes.
El suicidio es una decisión tomada por un sujeto frente a una situación particular, a veces impulsivamente, otras veces luego de mucha meditación. Reconozcamos la agencia del sujeto sobre sus propios actos. Restarle responsabilidad a un sujeto sobre sus actos es colocarlo en la posición de víctima como si no tuviera ninguna otra posibilidad de acción. Esta es, muchas veces, la lógica de pensamiento que llevan a las personas a cometer suicidio, escapemos de ella. Reconozcamos que no era la única opción, que se tomó una decisión y que no es culpa de otros, sino responsabilidad del sujeto que comete el acto. No anulemos la voluntad del sujeto porque lejos de hacerle un bien, al tratarlo como una pobre víctima, lo reducimos a la condición de un objeto carente de voluntad.
Pero ese pensamiento no es solo un agravio contra él, sino sobre todo contra las personas que hoy se debaten frente a la posibilidad del suicidio. De acuerdo a la OMS 800 000 personas mueren por suicidio cada año y por cada suicidio se estima que hay 20 personas intentando suicidarse. Es decir que estamos frente a un problema mayor.
Recordemos también que la más de las veces el suicidio está relacionado con un problema de salud mental y que ese problema requiere de atención pero lamentablemente no sana quien no quiere sanar. Reconocer un problema de salud mental y asumirlo es el primer paso para salir de él.
Por ello decimos que el suicidio responde a la decisión de un sujeto en el marco de posibilidades que permite su contexto y su estado de salud mental. Estas condiciones pueden permitir un abanico amplio de posibilidades o uno muy reducido, y en ese sentido actúan como factores de riesgo o factores protectores pero, salvo condiciones muy particulares, siempre hay opciones. Por ello este acto, como otros suicidios, no es causado por el poder judicial, las fuerzas políticas, la prensa o por su entorno familiar, es una decisión en el marco de las condiciones de vida de un sujeto.
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