¿Cómo nos estamos comportando en esta fase de la pandemia?

La forma de comportarnos, en esta fase de la pandemia va desde la total responsabilidad hasta la completa desidia. De acuerdo al nivel de cuidado que tenemos nos vamos a situar en algún lugar de este espectro.

Hace un par de semanas, en una entrevista en Arequipa, me preguntaron sobre el posible comportamiento de los residentes de esa ciudad luego del levantamiento de la cuarentena en todas las regiones. La pregunta daba en el clavo, puesto que saber el comportamiento que van a tener las personas puede ayudar a diseñar políticas públicas para regular y encauzar a la población hacia el bienestar colectivo. Si bien era una pregunta con una respuesta predictiva que me interpelaba a pensar sobre el futuro en Arequipa, aquí, en Lima, ya existe evidencia sobre lo que sucedió (y continúa sucediendo) luego del cese de esta medida sanitaria. Las noticias nos muestran las infracciones de sectores de la ciudad muy puntuales, pero, si revisan las redes sociales, que es el pulso actual de lo que se vive, podrán ver que el cumplimiento de las normas se está vulnerando constantemente. Amigos que se reencuentran en espacios cerrados, familias numerosas que celebran cumpleaños de forma presencial y personas que se quitan la mascarilla para compartir algún alimento o bebida en la vía pública son algunas escenas que describen perfectamente nuestra convivencia hoy. El punto, sin embargo, no reside en lanzar una crítica feroz a la conducta de estas personas, sino en intentar promover las medidas que se nos han dado para preservar la salud física de nosotros y de los demás en esta pandemia. Porque, de la misma forma que la salud psicológica es de suma importancia, el bienestar físico también lo es por obvias razones. Podríamos decir, de acuerdo con las investigaciones, que van de la mano. Por ello, sin más preámbulo, veamos cuáles son los comportamientos que se han generado después de la cuarentena y que, probablemente, se replicarán en aquellas ciudades que está por finalizar esta normativa.

La conducta de las personas, en medio de la pandemia se puede organizar en cuatro grupos.
La conducta de las personas, en medio de la pandemia se puede organizar en cuatro grupos. | Fuente: Andina

¿Cuál es el comportamiento de las personas en la actualidad?

Como lo comentaba en la entrevista, la conducta de las personas, en este escenario, se puede organizar en cuatro grupos. El primer grupo se constituye por aquella parte de la población que ha acatado los lineamientos desde el primer momento. Sin necesidad de recompensas o castigos externos, ha seguido al pie de la letra todo lo que han indicado las instituciones gubernamentales y solo sale de sus casas si es necesario. En este grupo se encuentra un exprofesor de la universidad que publicó una fotografía familiar en una historia de Facebook e Instagram con una frase parecida a esta: «No saldremos de casa hasta que hayan vacunado a Ziggy» (este es el nombre de su gato). Las razones detrás del comportamiento de este grupo podrían ser dos: el convencimiento racional de que no existe mejor manera actual para combatir el contagio que el aislamiento social, el temor a sufrir la enfermedad, el miedo a contagiar a familiares vulnerables o una mezcla de las tres.

El segundo grupo, aunque es muy cercano al primero, presenta algunas diferencias. A pesar de que extrema las medidas sanitarias, es decir, hace todo lo posible para no salir de casa a menos que sea necesario, sí se reúne esporádicamente con un número reducido de personas en espacios abiertos, con una distancia de un metro a más y no se quita la mascarilla en estos encuentros. También considera, como el primer grupo, que el aislamiento social es la mejor medida para contrarrestar el contagio; sin embargo, repara en que la interacción social es de suma importancia para su propio bienestar. Por ello, integra ambas propuestas: sale de su casa para ver a un número muy pequeño de personas (de preferencia, siempre las mismas), pero reduce al máximo el riesgo de contagio con las medidas dictadas por las organizaciones de salud.

Un tercer grupo, el que suele salir por las noticias o publicar historias de sus reuniones frecuentes sin respetar ningún tipo de restricción, es el mismo que transgredió la mayor parte o todas las normativas dictadas por el Gobierno. Ahora, continúa en esta misma línea: sale a la calle todas las veces posibles, visita las casas de amigos y familiares, se quita o baja la mascarilla en la vía pública y no respeta el distanciamiento social. En este grupo, podemos encontrar personas que desestiman el riesgo de contagio, que consideran ciegamente que a ellas no les va a afectar de forma grave la enfermedad, que no se preocupan por evitar contagiar a personas vulnerables, que rechazan los hallazgos de la ciencia, que se rebelan ante el Estado, que siempre han buscado transgredir las normas o una mezcla de estas razones.

Sin embargo, existe un cuarto grupo que surgió luego de la cuarentena y que tiene similitud en cierto grado con el tercer grupo. Las personas que forman este grupo respetaron las medidas sanitarias de la misma forma que el primer o segundo grupo durante la cuarentena, debido a que también evaluaron de forma analítica la situación y concluyeron que no había mejores directrices para reducir el riesgo de contagio, o temían verse expuestos a una enfermedad bastante desconocida. Empero, con el levantamiento de la cuarentena, su percepción de la realidad cambió: el cese de esta restricción les hizo sentir que todo estaba mejorando y que el peligro ya estaba pasando. Esta creencia es la que los ha llevado a bajar la guardia, descuidar su protección y arriesgarse al contagio.

¿Qué recomendación les puedo dar?

Aunque no lo crean, a mí me encantaría decirles que ya pueden salir a ver a sus familiares y amigos, y retornar a su vida habitual. Créanme que a mí también me encantaría poder hacerlo. Sin embargo, hay una realidad que nos pone un límite y, para poder salir todos (repito, todos) de esta situación, debemos cuidar nuestra salud física y la de los demás. Como psicólogo clínico, también sé que debemos mantener un grado de bienestar que nos permita vivir con tranquilidad, paz y satisfacción. Por ello, les voy a hacer dos sugerencias. La primera es que identifiquen su grado de tolerancia a las restricciones que nos demanda la realidad. En otras palabras, piensen qué tanto están en la capacidad de comportarse como el primer grupo. No es que este grupo no interactúe con sus seres queridos: sí lo hace, pero a través de llamadas y videollamadas. Si consideran que tienen la fortaleza como para afrontar la pandemia de esta manera, adelante. De hecho, esta es la mejor manera de reducir el riesgo de contagio. No obstante, y aquí va mi segunda sugerencia, si ven que su nivel de bienestar está disminuyendo porque no pueden reunirse con sus amigos y familiares, y las videollamadas no logran hacerles sentir mejor, tomen el ejemplo del segundo grupo. Este grupo extrema las medidas, pero muy esporádicamente (una vez al mes, por ejemplo) se reencuentra en un parque con una amiga o amigo que no ve hace tiempo, o un familiar que extraña mucho; eso sí, con todas las medidas de seguridad. Esto convierte la pandemia en un equilibrio entre salud física y psicológica.

Intentemos salir de esta situación todos juntos; para ello, no hay mejor manera que reducir el riesgo de contagio.

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