El fin de la corrupción, por Alberto Beingolea

Para exterminar la corrupción debemos admitir que es un mal de todos y no de algunos. Para enfrentarla en el Gobierno, debemos tener claridad sobre cuál es la prioridad, ¿castigar a los corruptos o evitar la corrupción? 

Redacción

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Desde los videos de la salita del SIN en tiempos de Fujimori y Montesinos, los peruanos emprendimos una lucha anticorrupción que no ha logrado exterminarla. Se ha aumentado todas las penas, retirado beneficios penitenciarios, fortalecido el sistema dotando de recursos al Ministerio Público y creando Fiscalías anti corrupción, se ha destituido, vacado, procesado y sancionado a muchas autoridades corruptas y, sin embargo, la corrupción continúa.

¿Por qué al sancionar a una autoridad corrupta, las posibilidades de que su reemplazante también sea corrupto son tan altas? Porque la corrupción no es un mal de los funcionarios públicos ni de los políticos, es un mal de todos. La autoridad corrupta, cuando asumió el cargo, ya lo era. El mal está en nuestra sociedad.

Si esto es así, debemos atacar allí el problema. El problema de la corrupción no es de “ellos”, sino de “nosotros”. Por eso, desde la presidencia, lideraré una gran cruzada de recuperación de valores. No hay una receta mágica para extirpar la corrupción de inmediato. Se requiere un trabajo paciente para cambiar paradigmas y terminar con años de carencia moral.

Este será el principal eje transversal en el sector educación y por su parte, los medios de comunicación tendrán un papel fundamental. Pero los protagonistas serán los padres de familia. La recuperación del principio de autoridad en casa y la cercanía de madres y padres trabajadores con sus hijos, haciéndose responsables de su educación, es vital. El Estado, dentro de esta campaña, facilitará los tiempos necesarios para que esto se produzca con mayor facilidad.

De esta forma, a largo plazo, podremos soñar con un país donde desaparezca la mentalidad corrupta y con ella, su perversa consecuencia, el acto de corrupción.

Pero los resultados de esto se verán a largo plazo. De inmediato, apuntaremos a desterrar la corrupción del Estado, cambiando la perspectiva. Hoy nos afanamos en la persecución y castigo de corruptos, hurgamos en el pasado para descubrirlos, reclamamos la mayor dureza en el castigo. Pero poco hacemos para evitar que se produzca el acto de corrupción.

Nuestro objetivo central será evitar la corrupción. Para ello tomaremos varias medidas:

  1. El control concurrente. El funcionario de contraloría no debe ser más un historiador del pasado, sino un actor del presente. Es indispensable establecer un control permanente en todos los actos de contratación de bienes y servicios, de obras y ejecución de inversiones y a todo nivel del Estado, nacional, regional y local. Con el sistema actual, el acto se comete, el país es perjudicado y luego se persigue al responsable; con el control concurrente, en cambio, buscaremos que no se cometa el acto y no se perjudique al Estado.
  1. Tipificar conductas infractoras. Hace años una sentencia del Tribunal Constitucional declaró la inconstitucionalidad del artículo 46° de la Ley Orgánica del Sistema Nacional de Control, con lo cual, la Contraloría General de la República perdió su capacidad sancionadora. Hay que devolvérsela. Los procesos penales son muy largos y una sanción administrativa oportuna podría terminar pronto con el problema. Promoveremos una ley que tipifique las conductas que generen responsabilidad administrativa y fije de manera certera su sanción. Así, la Contraloría ayudará a combatir con rapidez contra la corrupción.
  1. Inhabilitación perpetua. Conocida como muerte civil, la legislación peruana la incorporó hace poco para los supuestos más graves. La extenderemos a todos. Un acto de corrupción en el Gobierno, pequeño o grande, debe generar como consecuencia jurídica la imposibilidad de que el infractor regrese al servicio público. Un corrupto no volverá más.
  1. Sistema informático de control. Usaremos la modernidad para que en tiempo real se publique cada requerimiento, cada oferta, cada contratación y cada proceso del Estado. Pero además, modificaremos la norma para dar prioridad en el proceso a las empresas del rubro, evitando participaciones indeseadas.

En resumen, el problema de fondo lo arreglaremos a largo plazo, recuperando valores. Y en tanto, con medidas sólidas, minimizaremos los actos de corrupción en el Estado. Con las acciones correctas y gente honesta, sí se puede.

Alberto Beingolea
Alberto Beingolea es el candidato del Partido Popular Cristiano. | Fuente: Difusión

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