De propósitos y nuevos comienzos

El impacto más poderoso ocurre en lo más profundo de nuestra esencia, ya que cuando decimos que haremos algo y no lo hacemos, perdemos credibilidad con nosotros mismos. 

Claudia Draghi

Claudia Draghi

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Estamos iniciando un nuevo año. Se nos acabó el tiempo de prometer y es momento de actuar. Resulta fundamental iniciar esta nueva vuelta al sol habiendo revisado nuestra evolución en los diferentes roles de nuestra vida, de forma que podamos tener un punto de partida respecto de nuestra situación emocional y profesional.

Aceptar las cosas como son y buscar fluir con las situaciones que nos afectan no implica vivir en piloto automático o dejar de lado el organizarnos para priorizar y establecer algunas metas en nuestras vidas.

Es probable que hayas recibido el 2020 con frases como “este año haré deporte”, “este año voy a potenciar mi red de contactos”, o “prometo no llegar tarde y organizarme mejor”. Como habrás podido notar, en el transcurso de este primer mes del año, la rutina ha vuelto a ser la misma; las personas con las que interactúas siguen siendo iguales, y tus motivos para hacer ese cambio resuenan cada vez más bajito, al punto de que casi ya ni se escuchan.

Parece evidente que no cumplir con nuestros propósitos afecta nuestros resultados (o más bien, la falta de ellos); sin embargo, el principal impacto no está en aquello que se puede ver.  El impacto más poderoso ocurre en lo más profundo de nuestra esencia, ya que cuando decimos que haremos algo y no lo hacemos, perdemos credibilidad con la persona más importante de nuestras vidas: nosotros mismos.  

| Fuente: Freeimages

Cuando nos damos la licencia de fallarnos y/o postergarnos, nuestra confianza sobre nuestras capacidades se ve disminuida y nos aseguramos de sabotearnos para reafirmar que eso que dijimos que haríamos, resulta imposible. Aparece fuerte y claro nuestro arsenal de excusas a las que llamamos motivos: “he dormido poco y mal, mejor empiezo mañana”.  “Hoy ha sido un día de locos, ya mejor arranco la próxima semana”. “Tuve que actuar así porque me faltó el respeto”.  En este sentido, es importante recordar que, para lograr algo (lo que sea que nos propongamos), lo primero que debemos hacer es creer que es posible.

Por un lado, es cierto que nacemos en un entorno específico y bajo algunas características físicas, mentales, materiales y emocionales, que definimos como nuestra identidad y terminamos por convertir en nuestra jaula. Esto nos genera límites autoimpuestos que frenan nuestro crecimiento. Así, por ejemplo, si mi familia es de gordos, yo justifico mi sobrepeso. Si mis padres me enseñaron que para tener éxito debo aplastar a otros, yo tengo derecho a encolerizarme por lograr un resultado. Si en casa vivimos con limitaciones económicas, viviré económicamente limitado (sin importar cuánto dinero tenga).

Por otro lado, sin embargo, existen personas que saben que, más allá de los límites heredados o adquiridos, son capaces de reinventarse y alcanzar resultados diferentes. ¿Cómo logran estas personas que sus orígenes no definan su futuro? El primer paso es reconocer que la jaula no tiene techo y que si miran hacia arriba serán capaces de sobrevolarla.

Seamos honestos: la intención es importante, pero lo que realmente marcará una diferencia en nuestra vida está estrechamente vinculado a aquellas cosas que hacemos, porque la acción es el mejor antídoto contra el miedo. Dejar de preocuparnos y empezar a actuar, probar y reinventarnos, resulta fundamental para salir de la inercia y reconectar con nuestra fortaleza y recursos internos.

Anímate a escribir tu propósito, solo uno, aquella cosa que consideres la más importante. Ponlo en algún lugar visible de tu casa y compártelo con alguien que valores. Pídele a esta persona que te ayude a crear un hábito y explícale por qué es importante para ti. Declarar tu propósito te permite escucharte y valorarlo, reforzando tu compromiso. Esas personas que te quieren bien podrían convertirse en tus principales aliados (vamos, tú puedes) o tus peores adversarios (ya no importa, mañana empiezas). Si bien es cierto que tu aliado es importante, es tu absoluta responsabilidad el éxito o fracaso de tu logro.  

Si te provoca plantear tu propósito, tal vez estas preguntas te podrían servir de ayuda:

¿Qué es aquello que quieres lograr? ¿Con qué recursos cuentas para lograrlo? ¿Quiénes te pueden ayudar? ¿Qué podría dificultar tu avance? ¿Qué te motiva sinceramente? Si logras este objetivo, ¿qué creencias de tus orígenes estarías desafiando? ¿Cómo te sentirás si lo logras?

Si estás buscando inspiración, un buen inicio es la charla TED (https://youtu.be/nmrRJammHqs) de Miguel Ángel Tobías (productor y director de documentales) quien ha recorrido el mundo buscando ejemplos vivos de personas que han sido capaces de sobrevolar sus propias jaulas, y nos demuestran cómo la vida empieza al otro lado de nuestros miedos.

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

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