El caso IMARPE

La reforma estructural en IMARPE ha generado la oposición de parte del sector industrial y marinos retirados, entre otros, quienes señalan pérdida de independencia. Sin embargo, si hacemos un repaso histórico, vemos que el reconocido instituto científico siempre ha estado sujeto a los avatares y presiones del gobierno de turno. Esta reforma reforzará su institucionalidad y la transparencia.

Desde el pasado 22 de enero el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) ha estado en el centro de las discusiones del sector pesquero. A través del Decreto de Urgencia 015-2020 se cambió la conformación de su Consejo Directivo, así como el modo de elección de algunos de sus miembros. Además, se ha previsto la revisión del Reglamento de Organización y Funciones (ROF) de la institución y la adecuación a los parámetros de los concursos públicos meritocráticos de la Autoridad Nacional del Servicio Civil (SERVIR), tal como sucede en otras instituciones públicas como el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) o el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR).

Estos cambios, que se esperaría sean bienvenidos por la mayoría de los actores del sector, han recibido una fuerte oposición de parte de la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP), gremio que agrupa a las principales empresas dedicadas a la pesca y procesamiento de anchoveta para la producción de harina y aceite de pescado. Se han unido a las voces en desacuerdo un sector de marinos retirados, hasta ahora los únicos ciudadanos elegibles para el cargo de presidente del Consejo Directivo del IMARPE, y de paso, algunas organizaciones gremiales y de la sociedad civil.

El argumento principal para cuestionar el Decreto de Urgencia es la aparente “pérdida de independencia” del IMARPE ante el Ministerio de la Producción (PRODUCE) que podría conllevar un “uso político” de la institución técnica. Cabe señalar, sin embargo, que el IMARPE ha dependido históricamente del Ministerio de Pesquería (hoy de la Producción) y siempre ha estado sujeto a los avatares y presiones del gobierno de turno o bien sus opiniones técnicas no han sido consideradas por el ente rector.  Por ejemplo, durante la gestión de la exministra Gladys Triveño se restringió el acceso de la flota pesquera industrial a las primeras diez millas de la costa (a través del DS 005-2012-PRODUCE) quedando esta zona limitada a la pesca de anchoveta para el consumo humano directo. Así también, tenemos el caso de las “ventanas de penetración” que en su momento permitieron la pesca industrial de anchoveta a menores distancias de la costa en el litoral del sur del país. Al final del día, como se ve a diario en otras latitudes, el uso de la información científica por parte de los que toman las decisiones sobre el manejo y uso de los recursos naturales y el ambiente está supeditado a intereses particulares o políticos.

 

| Fuente: Andina

Esto no debería desmerecer en ningún grado el quehacer científico del IMARPE ni el de su equipo profesional. A pesar de múltiples limitaciones logísticas y presupuestales el instituto ha ganado amplio reconocimiento entre sus pares internacionales y representa una meca para investigadores de todo el mundo interesados en aprender de – y compartir con – los colegas locales.  Por más de cincuenta años, IMARPE ha venido proporcionando sustento técnico-científico al sector pesquero del país, en ocasiones a contracorriente de los intereses políticos del momento y lamentablemente con poco impacto en la opinión pública. Por esto mismo, no ha sido ajeno a la controversia y públicamente cuestionado a veces de manera inmerecida.

Por lo pronto, hay dos ámbitos críticos en los cuales IMARPE debería mejorar a corto plazo:  en primer lugar, en la transparencia en el acceso a la información y los métodos que se emplean en distintas tareas técnicas, en particular en aquellos casos en que se sustentan actividades económicas. Se han dado algunos avances en esta dirección, pero es preciso reforzarlos y que se conviertan en prácticas institucionalizadas. En segundo lugar, relanzar sus canales de comunicación con la sociedad y establecer canales bidireccionales con sectores que hasta ahora han sido marginados como los pescadores. No es positivo que se siga manteniendo esa actitud virreinal de desprecio al conocimiento empírico ni que se le desestime con sarcasmo y aversión. El IMARPE – así como el PRODUCE -- deben mejorar su relacionamiento con los “administrados” de modo que mejore el intercambio de información entre los múltiples usuarios de los recursos pesqueros y el ente rector.

¿Mejorará esta situación con el DU 015-2020? No hay ninguna garantía al respecto, pero como cualquier cambio abre las puertas para adquirir nuevas capacidades y un mayor reconocimiento al equipo del IMARPE más allá de los límites del sector pesquero y sus intereses particulares.

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