¿Cómo llegamos al punto medio?

Un argumento alternativo a las “sorpresas” que trajeron estas elecciones y la no tan sorprendente realidad que los resultados muestran

Ha sido particularmente interesante para mí ver la cantidad de reacciones en redes sociales que han generado los resultados de la última elección congresal en el país. Saliendo de un periodo de crisis donde los partidos mas tradicionales rechazaban sus valores originarios y hacían parte de alianzas desafortunadas y, peor aun, dañinas para nuestra institucionalidad, las elecciones 2020 eran, hasta cierto punto, un logro ciudadano.

En el camino, la falta de claridad respecto de los ideales partidarios y la cantidad de rostros nuevos (y no tan nuevos) en la arena política se volvió densa. Así, la apatía de muchos empezó a regresar y el rumor social persistente del voto nulo y voto en blanco volvió a inundarnos. Eventualmente, nos pusimos las pilas y fuimos a votar.

Hacia el final de la jornada electoral ya sabíamos que el Frente Popular Agrícola FIA del Perú se perfilaba como la segunda fuerza política del congreso que acabábamos de elegir. El día de hoy ese dato esta confirmado. Y entonces, las redes sociales se inundan de comentarios desacreditando la validez y organización de este partido y lo que representa. Se leen críticas al nivel de educación de algunos de sus representantes y se demonizan los valores que representan.

Es posible argumentar, sin embargo, que el FREPAP es uno de los partidos institucionalmente más fuertes en el país. Sus propuestas son claras (aun si no estuviéramos de acuerdo con ellas), su ideario es consistente y tiene una base social robusta a nivel nacional. De pronto, el gran problema del FREPAP (que en realidad no es un problema del partido sino de quienes lo critican hoy) es que estas bases están compuestas por peruanos y peruanas que por años nos hemos rehusado a ver y considerar en la conversación. De ahí “la sorpresa” de la “aparición” de un partido como el FREPAP. Recordemos nada mas quiénes fueron los partidos participantes en los múltiples debates electorales, y cuáles los invisibilizados. Nuestra ceguera social (y sesgos) siempre nos juegan en contra.

En el congreso nadie trabaja solo y todos los representantes, inclusive las bancadas, emprenden desde el primer día un trabajo intenso de negociación política. | Fuente: Andina

Y entonces me preguntan qué significa la presencia del FREPAP en el congreso para la igualdad de género y la agenda de los derechos humanos.  La pregunta es compleja, no tanto por la respuesta, sino por lo que se lee detrás de una pregunta como esta. El partido en cuestión se identifica como conservador de corte religioso, que está en contra de varios de los avances alcanzados e inclusive de los fundamentos sobre los que se basan las agendas de igualdad y derechos humanos. Esto es preocupante, no hay duda. Pero hay un pánico moral (una motivación ulterior) detrás de esta pregunta. No es la primera vez que nuestro congreso nacional tiene representantes con fuertes valores religiosos, o en contra de estas agendas. Es la primera vez, sin embargo, que estos representantes pertenecen a comunidades como las representadas por el FREPAP.

En el congreso nadie trabaja solo y todos los representantes, inclusive las bancadas, emprenden desde el primer día un trabajo intenso de negociación política. La elección de una bancada (cualquiera que esta sea) no implica que sus valores serán ley el día de mañana, por lo que el pánico moral el día de hoy es innecesario. Es cierto que se vienen retos más grandes y probablemente la necesidad de incidencia política más fuerte por parte de sociedad civil. Pero también es verdad que, aun no comulgando con los valores de este partido, democratizar la instancia de representación congresal y generar un dialogo, efectivamente oyendo las voces de todos y todas, es lo que buscamos en un estado democrático de derecho. Porque de eso se trataba la democracia, ¿verdad?

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