Detrás de la puerta

Se hace poco para proteger a las niñas y adolescentes del abuso sexual y el feminicidio. No basta elevar las penas, hace falta el fortalecimiento del sistema de justicia y la participación de la sociedad en general ¿Cuál es el papel de escuelas, institutos y universidades?  

En los tres últimos años, 20.441 niñas y adolescentes han sido abusadas sexualmente en el Perú, en la mayoría de casos los abusadores han sido miembros de la familia o personas cercanas, según las cifras del Observatorio de la Criminalidad del Ministerio Público difundidos en un medio local el domingo pasado. No podemos más que sentir dolor e indignación por lo que acontece en el país y darnos cuenta que se hace poco para proteger a las niñas y adolescentes del abuso sexual y el feminicidio, ya que tras las violaciones, 500 de las niñas de 10 a 14 años fueron asesinadas.

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. | Fuente: Andina / Difusión

Nada de lo que hagamos hoy traerá a la vida a estas niñas ni borrará las huellas del daño en las sobrevivientes, pero corresponde al sistema de justicia hacer todo para que no quede impune, y corresponde a toda la sociedad actuar para que no perdamos a ninguna más. Un fenómeno tan complejo con raíces estructurales en el patriarcalismo y el machismo no será fácil de enfrentar, y por eso requiere de una intervención múltiple intersectorial. Si bien la rectoría está en el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, es el sector más reducido desde hace varios años, aunque desde su creación nunca tuvo un lugar preponderante dentro de los gobiernos. No bastará elevar las penas para enfrentar el abuso sexual, hace falta el fortalecimiento del sistema de justicia y enfrentar la corrupción en todas sus instancias que hace posible liberar a los perpetradores, pero también se necesita trabajar con los encarcelados, muchos de ellos víctimas del mismo crimen que los convirtió en verdugos.

El abuso sexual no es silencioso, se anuncia con la violencia familiar, con las primeras manifestaciones de incomodidad o cambios de comportamiento de los niños y niñas, con sus distracciones en el aula, con la soledad en sus hogares, con el acceso ilimitado a las redes sociales. El abusador sexual no distinguirá condición socioeconómica, etnia, edad o parentesco, solo tomará la oportunidad precisa en las condiciones que permitamos y actuará impunemente detrás de la puerta.

Los países que no dan tregua al abuso sexual y al feminicidio se alían con los medios de comunicación en sendas campañas que permitan a toda la población estar alerta, prevenir, denunciar y no reaccionar únicamente cuando aparece el cadáver de una niña ¿Cuántos mensajes recibimos para actuar frente al abuso sexual? ¿Cuánto y cómo se abordan estos temas en las aulas de clase de escuelas, institutos y universidades? ¿Qué tanto están informados los niños, niñas y adolescentes al respecto? ¿Cómo contribuyen las empresas privadas a enfrentar el abuso sexual? Sin duda, nos toca a todos hacer la labor, pero le toca al gobierno en primer lugar lanzar una declaratoria de guerra abierta y frontal al abuso sexual, con leyes y reglamentos cumpliéndose, con campañas públicas, con el sistema de justicia fortalecido, con servicios eficientes de prevención y atención a casos de violencia y con la mejor educación a nuestros niños, niñas y jóvenes.

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