Mi amigo el celular

Es necesario prestar atención a cómo se está criando, cuidando y socializando a los niños y niñas. El celular se ha convertido en su mejor amigo y ello trae consigo que el diálogo familiar sea mínimo y las expresiones de cariño limitadas.

El último censo nacional reveló que en el Perú el 83.77 % de los hogares tiene teléfono celular, aunque solo el 28.04 % tiene conexión a Internet, lo cual no es un problema considerando lo fácil que es acceder a redes de Internet en cualquier punto de una ciudad, a diferencia del ámbito rural. Llama la atención que son más los que tienen celular que televisión, presente en el 72.78 % de los hogares peruanos. Difícil pensar que ambos aparatos compitan, más bien se complementan o integran para satisfacer la necesidad de entretenimiento e información.

Un celular con acceso a Internet cubrirá además otros requerimientos como las redes sociales por donde se mueven infinidad de relaciones de todo tipo y para distintos fines, personales y colectivos; también será una fuente de textos para las actividades académicas o para el simple placer de lectura; un medio para efectuar transacciones; pero además disfrutar de los juegos individuales o en línea. Los niños, niñas y jóvenes son sin duda los mayores consumidores de juegos por internet, no es de extrañar ver a un niño o niña con pocos meses de edad, manipular y jugar divertidamente con el celular o la tableta de su mamá.

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Se darán cuenta que, en los patios de comida y playas, o cuando visitamos familiares y amigos con niños pequeños, que sus padres prestan su celular o tableta a su hijo o hija (si es que no tiene el suyo). Los niños quedan atrapados por la pantalla acompañados únicamente de los personajes de sus juegos. El diálogo familiar será mínimo, el contacto visual inexistente, las expresiones de cariño limitadas y es que cada cual está ocupado en responder sus llamadas, wasapear, mirar el Facebook, tuitear, tomar fotos o jugar con su celular. Es decir, el celular se ha convertido en el mejor amigo.

Esta práctica se está volviendo frecuente en las familias y me atrevo a decir que las consecuencias las estamos observando ya en los salones de clase de las escuelas, en donde los niños y niñas se muestran aburridos, tal vez porque están olvidando escuchar a otros, sean sus maestros o compañeros; prefieren abrir una computadora que un libro; jugar en Internet que jugar en el patio; trabajar individualmente a hacerlo en grupo. Otra posible consecuencia, es la violencia en las aulas, que no tiene un solo origen, se respira violencia en nuestro país todo el tiempo, pero en el caso de los niños y niñas, pareciera exacerbada por la naturaleza de los juegos, pero sobre todo por la débil construcción de relaciones interpersonales que nos forja para vivir en comunidad y poder actuar con otros y entre otros.

Entiéndase, que estas reflexiones no constituyen una crítica a la posesión de objetos y sus bondades, sino un llamado de atención sobre hechos observables en relación a cómo se está criando, cuidando y socializando a los niños y niñas, cuando las familias optan por dejarlos enganchados a un celular ensimismados y en silencio. Y entonces ¿Qué le corresponde hacer al sistema educativo y qué nos corresponde hacer a cada uno de nosotros?

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