Ronald y Christian, dos hombres tras la obediencia

Si bien es comprensible el enojo frente a los desobedientes que no cumplen la cuarentena, nunca debemos aceptar la violencia como respuesta. Vivimos tiempos en los que tenemos que cuidar la salud, pero esto no significa que no podamos hacerlo con respeto a la dignidad propia y ajena.

Conscientes que nuestros derechos fundamentales han sido temporalmente recortados para evitar la propagación del COVID-19, nos toca cumplir con el aislamiento y la inmovilización social, y con ello asumir responsablemente las medidas decretadas por el Ejecutivo. Para velar su cumplimiento contamos con el patrullaje permanente de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas.

El soldado Ronald Mamani Ajajahui (19), joven ilaveño (Puno) era uno de los 60 000 miembros del Ejército que cumple funciones de patrullaje en todo el territorio. Un conductor no se detuvo ante la señal y lo embistió fatalmente la noche del 20 de marzo. Al día siguiente y al otro extremo del país en Sullana (Piura), el capitán del Ejército Christian Cueva Calle cometió un exceso al humillar y agredir físicamente a un joven que incumplía el toque de queda, faltando al protocolo establecido en el Decreto Legislativo 1095 que regula el empleo y uso de la fuerza con la consecuente separación de las labores de patrullaje y el comienzo de una investigación. Ambos uniformados ejercían funciones con el encargo de hacer cumplir la ley.

Ronald será recordado como mártir, tendrá asensos póstumos, una calle llevará su nombre y su familia recibirá una pensión vitalicia. Nada lo traerá de vuelta y la indignación nos seguirá acompañando a todas y todos los peruanos porque no cabe la menor duda que fue una víctima durante el cumplimiento de su deber. Por el contrario, el caso de Christian nos ha dividido, ha despertado el cuco de la mano dura como única forma de conseguir la obediencia y es que 21 074 detenidos a la fecha es cosa seria y Piura, es una de las regiones con las cifras más altas de detenidos e infectados. Difícil evitar que el temor se apodere de nosotros, que la cuarentena ampliada no desespere a la mayoría que labora en la informalidad y que inmovilizados no hay como llevar el pan a la mesa.

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Comprensible hasta cierto punto, aquellas voces que se levantan contra los desobedientes e irresponsables que siguen saliendo a la calle, poniendo en riesgo a sus familias y a todos nosotros. Pero si hay algo que tenemos que preservar es el respeto y la dignidad propia y ajena y eso es lo que la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas están procurando al seguir sus protocolos, como dijo el Ministro de Defensa: firmeza con respeto.

La lucha contra la epidemia continua, el presidente tiene respaldo mayoritario, tenemos un ministro de salud bien preparado y miles de miles de personas entre trabajadores de salud, uniformados, técnicos y empleados de todos los sectores cuidándonos y protegiéndonos. Bien merecen nuestros aplausos, cacerolazos y vivas cada noche. Nos toca: proteger nuestra trinchera que es nuestro hogar no solo del COVID-19 sino de la violencia en cualquiera de sus formas; exigir a nuestros parientes y vecinos el respeto al aislamiento e inmovilización social; y manifestar a través de todos los medios posibles nuestra solidaridad con los más vulnerados.

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