Gato por liebre en la venta de pescados

La sustitución de especies es un problema global, mucho más grave y difícil de detectar cuando un país carece de trazabilidad, es decir, no hay forma de saber el origen y ruta de los recursos. Esta es la única forma efectiva de acabar con esta problemática en el Perú y el resto del mundo.

Nos encanta el pescado. Se calcula que más de 4500 millones de personas a nivel global dependen del pescado tanto como alimento, como sustento económico. Sin embargo, esto también trae consecuencias en los ecosistemas marinos del mundo: cerca del 33% de poblaciones de peces en el mundo está sobreexplotada. O sea, estamos consumiéndolos más rápido de lo que se reproducen.

Ello se debe a que ni pescadores, vendedores, consumidores ni las autoridades saben exactamente qué es lo que se está pescando, de dónde, cuándo y en qué cantidades.

Sin protocolos estandarizados para la pesca, la distribución y comercialización que permitan hacer un seguimiento desde las redes hasta el plato se pone en riesgo a las poblaciones de peces, a sus entornos y también a los consumidores. A este conjunto de reglas, procesos y regulaciones se le conoce como trazabilidad.

Sin protocolos estandarizados para la pesca, la distribución y comercialización que permitan hacer un seguimiento desde las redes hasta el plato se pone en riesgo a las poblaciones de peces, a sus entornos y también a los consumidores.
Sin protocolos estandarizados para la pesca, la distribución y comercialización que permitan hacer un seguimiento desde las redes hasta el plato se pone en riesgo a las poblaciones de peces, a sus entornos y también a los consumidores. | Fuente: A comer pescado | Fotógrafo: Fabio_Lipparotti

En el Perú, la mayoría de la pesca para consumo humano es artesanal, lo que quiere decir que las dinámicas y cadenas de producción son también en la mayoría de casos informales. Ello hace que la trazabilidad sea virtualmente imposible. A esto se suma la ascendente demanda de ciertas especies en tiempos del boom gastronómico peruano. Sin perder el comprensible entusiasmo por ello, es necesario evaluar el impacto que tiene en nuestra biodiversidad.

La sustitución de especies no solamente implica que en la cevichería nos pueden estar dando un pescado distinto al que pedimos. También erosiona la confianza entre productores y consumidores, desequilibra ecosistemas marinos y puede poner en riesgo nuestra salud

En el 2018, Oceana reveló el estado de la sustitución de especies en la venta de pescados en restaurantes y supermercados de Lima Metropolitana. El estudio, el primero sobre este problema en el país, detectó que el 43% de las 364 muestras de pescados tomadas en restaurantes, supermercados y terminales pesqueros de 10 distritos no correspondían con el nombre de venta.  Se encontró que la corvina fue reemplazada por cojinova mocosa y perico, mientras que especies marinas como la reineta fueron cambiadas por tres tipos de tilapia, provenientes de acuicultura.

Pese a todo, es posible revertir esta situación e implementar medidas que posibiliten la trazabilidad. Existen diversas instituciones públicas implicadas en esta tarea, desde la regulación de la pesca artesanal hasta la comercialización del punto de venta. Entre ellas encontramos, por ejemplo, a PRODUCE, SANIPES, los Gobiernos Regionales e INDECOPI.

Pero,¿por dónde empezar esta labor? Un primer gran paso es tener una lista unificada oficial de las principales especies comerciales consumidas por la población. En nuestro medio abundan los pescados que pueden llegar a tener hasta cinco nombres distintos entre el pescador, el vendedor y el consumidor. Sin una lista oficial en la que se tenga el detalle de cada una de las especies comerciales que se venden en terminales, mercados y restaurantes, así como los distintos nombres con los que se le conoce, no será posible fiscalizar la cadena de comercialización y distribución.

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