Pedro Lemebel: cronista del malestar chileno

La obra del escritor sureño nos revela ese Santiago que nadie quería conocer y el país que nadie quería aceptar.

La multitudinaria marcha de este último viernes en Santiago de Chile fue el punto culminante de una serie de acontecimientos que mostraron claramente las carencias de una ciudad que no era un sueño de cristal. El malestar general ha cubierto, como un nubarrón, el transparente y azulado cielo santiaguino, y sus habitantes han salido a las calles para poner en claro que esto no es flor de un día. La protesta ha llegado a la plaza para quedarse, o, al menos, para participar de aquella vida pública de la que había sido excluida por tanto tiempo. 

Es justamente ahí, en medio de la gente, que recordamos a Pedro Lemebel, un escritor, activista y travesti chileno que no se creyó el cuento. Entre las fotos que encontramos de él se encuentran primero las de la diva que se retrata bajo el modelo de los años cincuenta, pero también las del performer que acompañaba a las marchas de izquierda y de derechos humanos durante las décadas de 1980 y 1990. Lemebel no fue el escritor de las vitrinas, las librerías y los premios literarios, tampoco del cuento y poema fácil y conveniente. Su escritura fue la de la crónica, un género marginal que le permitía revelar aquello que los chilenos de su tiempo no querían ver pero que se encontraba a la vista de quien se atrevía a mirar un poco más allá, en los espacios prohibidos. Libros como La esquina es mi corazón y Adiós mariquita linda retratan el submundo del travestismo, de las peluquerías, de los baños turcos, de las barras bravas y de las drogas. Con una prosa que va entre la cursilería y el exceso barroco, pero también con fotografías exactas que logran captar “los registros sensibles de la oscuridad”, como lo señala el escritor mexicano Carlos Monsiváis, sus crónicas nos revelan ese Santiago que nadie quería conocer y el país que nadie quería aceptar.

| Fuente: EFE

Para Lemebel, el progreso chileno de los años noventa no era realmente el mundo ideal que tanto se celebraba ¿Cuál era el futuro que prometía una ciudad acartonada, con calles rodeadas de rejas y alambres de púas? En vez de mirar el mundo de arriba, el escritor se ocupa de los enfermos de sida, del travesti pobre y las empleadas del hogar. La capital crecía, pero no se transformaba. La llegada de la democracia terminó con la dictadura de los militares, pero fue el inicio de la dictadura de los lugares comunes de la sociedad del bienestar. Santiago era la ciudad perfecta en el país perfecto, y ay de quien dijera lo contrario. “Con el cambio político nos transformamos en sujetos culturales cuestionados”, dijo Lemebel en una entrevista. Ya no había espacio para los inconformes.

Pasado el tiempo, la voz de este escritor aún sigue vigente en las calles, y no está de más volver a sus páginas. Sus crónicas y sus performances siempre serán una invitación a participar de aquellas marchas que borran las marcas de la marginalidad y derriban los muros de la desigualdad.

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