Michelle Vilca es promotora de lectura desde hace 4 años. | Fuente: La otra ruta

Por: Verónica Ramírez Muro
Fotos: Morgana Vargas Llosa

Es sábado en el mercado de San Camilo en Arequipa, creado hace 138 años sobre las ruinas de la iglesia de los Padres Agonizantes de San Camilo, que quedó completamente destruida en el terremoto de 1868. La imagen del Señor del Perdón, colocada en la puerta principal a finales de los años ochenta por una cofradía de comerciantes, es un lugar de referencia para los miles de visitantes que el mercado recibe cada día. Hoy, además, es el punto de encuentro de un grupo de mujeres que no ha venido precisamente de compras. Ellas, cuyas edades están comprendidas entre los 20 y los 28 años, han venido a leer.

Michelle Vilca es promotora de lectura desde hace 4 años. Recorre el mercado en compañía de otras promotoras veinteañeras, como Amazona Benavente, Tanya Molina o Thaís Lozada. Todas ellas han llegado hoy a la hora pactada, nueve de la mañana, para informar a los comerciantes acerca del poder que la lectura podría ejercer en sus hijos. “Mientras trabajas en el puesto”, explica Michelle, “tus hijos puedes descubrir historias fascinantes. Los haremos jugar, dibujar y, sobre todo, leer”.

Al poco rato ya llevan a una fila de niños y niñas de la mano hacia la sala ubicada en el segundo piso, donde los espera Matilda, Dumbo o Fonchito, entre un centenar de protagonistas de historias que buscan despertar el amor por los libros. La invitación se repite a través de los parlantes del mercado. Donde antes y después se anuncian las ofertas de frutas, hortalizas o quesos, se oye una invitación a la lectura.

El creador del proyecto

El historiador y abogado Mario Rommel Arce, director de la Biblioteca Municipal de Arequipa, es el creador del proyecto “Lecturas compartidas”, que actualmente se replica en 4 lugares: en San Camilo, en el mercado La Chavela y en los pueblos jóvenes General Pedro Vilcapaza y Pasos del Señor, en el distrito de Sachaca. Un promedio de 400 niños entre los 7 y los 12 años accedieron a este servicio gratuito el año pasado.

“Los niños que participan en las salas de lectura tienen una aproximación al libro, pero después van a descubrir historias fantásticas que les permitirán ampliar poco a poco sus horizontes y también adquirir nuevas herramientas para desempeñarse en la vida profesional y cotidiana”, explica Mario Rommel.

De adolescente, Mario Rommel se refugiaba en la Biblioteca Municipal. Pasaba horas entregado a las novelas y a los libros de historia. “Yo hago todo esto porque tengo la convicción de que la lectura puede producir cambios en tu vida y en tu comunidad. No leer es una oportunidad perdida para crecer como persona y mejorar nuestras condiciones de vida. Todo esto que te digo es cierto. Yo lo he vivido”, dice.

Para llegar a cabo su plan de fomentar el hábito de la lectura, Mario Rommel partió de un vacío conocido: salvo algunas excepciones, no hay bibliotecas municipales en los distritos arequipeños. Las estadísticas también le daban la razón: en promedio, los peruanos leemos un libro al año.

Las lecturas compartidas

Amazona es estudiante de Gestión y promotora de lectura desde hace 2 años. Ella ha contribuido a crear parte del decorado actual de la sala, con frases motivadoras, fotos de autores latinoamericanos y dibujos infantiles adheridos a las ventanas que dan al mercado. Hoy leen Gorila, de Anthony Browne. La lectura se inicia en el sentido de las agujas del reloj y el niño a la derecha de Amazona lee el primer párrafo. Los pequeños lectores muestran gran interés en Ana, la solitaria protagonista del cuento que no pierde las esperanzas de conocer a un gorila, aunque el padre esté demasiado ocupado para llevarla al zoológico. Después de la primera página, los niños y niñas se detienen un momento para hablar de los animales que han visto en su vida. Amazona dirige el coro de voces que levanta la mano para contar sus anécdotas.

En sus 4 años de experiencia, Michelle, estudiante de Ingeniería Industrial, ha podido comprobar cómo los niños mejoran su vocabulario y ejercitan la imaginación. “Les gusta imaginar finales diferentes, meterse en las historias, preguntar qué sigue, darle la vuelta a la página para saber cómo continúa y cómo termina la historia”, dice.

Verenisse Mejía, estudiante de Gestión, se inició como promotora de lectura hace unos meses y busca contagiar el amor que siente por los libros. “Me gustaría que les encante leer, que vean el libro como una aventura y sientan placer al leer como a mí me pasa”, dice.

Todas ellas, que en total suman una treintena de mujeres lectoras, siguieron un curso de capacitación donde conversaron con psicólogos para conocer más acerca del comportamiento infantil y las dinámicas de grupo. También aprendieron a teatralizar las historias y a reflexionar sobre los libros y textos seleccionados.

Las madres y trabajadoras del mercado como Lidia Valriano y Vilma Aguilar piensan que el programa es una alternativa para que los niños se desconecten de las tablets y celulares mientras sus padres trabajan. “Es bueno que tengan otras ideas, que en sus cabecitas se abran otras metas y que no estén todo el tiempo pegados al celular”, dice Vilma.

De vuelta en la sala de lectura infantil, Mario Rommel conversa con los padres de familia que llegan a recoger a sus hijos. “En la medida en la que podamos contar con un mayor número de bibliotecas públicas en todo el país vamos a poder lograr un cambio y un desarrollo en el tiempo. Las bibliotecas son una gran oportunidad para todos. Los municipios les niegan esta posibilidad a sus vecinos y nadie reclama el derecho de acceso a bibliotecas públicas”, dice.

Al final de la jornada, todos los presentes empiezan a entonar distintas canciones infantiles. La canción de cierre elegida es “Si tú tienes ganas”, que intercala acciones como bailar, reír, aplaudir o gritar con un llamado a hacer las cosas que más te gustan en la vida. La letra sufre una ligera adaptación. “Si tú tienes la razón y no hay oposición, no te quedes con las ganas, no te quedes con las ganas de leer”. Mario Rommel, sonriente, sigue el ritmo con el pie derecho.

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