¿Me corresponde hablar de las desigualdades sociales si no sé reconocerlas?

Luego de afirmar que todos en la sociedad tenemos la responsabilidad de la eliminación de todos los tipos de opresión social, esta columna brinda algunas claves para iniciar este trabajo

¿Cómo abordar el racismo, el sexismo y la homofobia si es que nunca la hemos sentido? Si es poco sensible preguntarle a personas que experimentan este tipo de opresión en el día a día entonces ¿cómo  entenderlas y ser más empáticos? Si todos tenemos una responsabilidad en la eliminación de todos estos problemas pero no sabemos cómo identificarlos, ¿cómo empezar? En suma ¿cómo involucrarme en un problema sobre el que no tengo mayor información y/o experiencia de vida que me permita entenderlo?

Estas preguntas son complejas y difíciles de responder, pero necesarias. La conversación sobre racismo, sexismo, homofobia, xenofobia, y otros tantos males que son parte de nuestro tejido social,  requieren que tengamos una mirada crítica a nuestra realidad y nuestros propios privilegios, además de una posición intencionalmente empática con el otro. En otras palabras, estar dispuesto a ponerse en los zapatos de la otra persona. Por ejemplo, es cierto que los varones no pueden saber todo lo que implica caminar por las calles de Lima en un cuerpo femenino, pero el no vivir esa experiencia no debería llevarles a deslegitimar la experiencia de las millones de mujeres que afirman que Lima es una ciudad insegura para ellas. De la misma manera, las personas en Lima no podemos afirmar conocer la experiencia de la vida diaria en la zona altoandina del Perú. Nos toca entonces escuchar, aprender y creer, sobre todo, la experiencia que nuestra conciudadana o conciudadano comparte con nosotros.

El que algunas de nuestras diferencias se hayan utilizado históricamente para justificar tratos diferenciados y sostener desigualdades sociales es uno de los grandes problemas a superar el día de hoy. | Fuente: Freeimages

¿Cómo llegamos a estas conversaciones? y ¿Cómo las sostenemos de manera respetuosa? Observando y escuchando atentamente las experiencias de los demás, no para evaluar su realidad desde nuestro punto de vista, sino precisamente para entender el suyo. Es igual de importante perder el miedo a ser políticamente incorrecto o a equivocarnos. Además, es importante prepararnos para que eventualmente la experiencia del otro nos confronte o nos demuestre que efectivamente somos más privilegiados de lo que creíamos. Una serie de preguntas a hacernos serían: ¿todavía me río de “chistes” racistas, sexistas u homofóbicos? ¿De qué lado estoy cuando alguien me habla de episodios de sexismo, racismo u homofobia en nuestra sociedad? ¿Me pasarían a mi también? ¿A quién le creo o quién creo puede estar exagerando? En suma, ¿Qué tengo que entender o saber sobre la experiencia del otro que aún no he comprendido?

Si bien es romántico pensar que todos somos iguales, todos y todas somos diferentes. El que algunas de nuestras diferencias se hayan utilizado históricamente para justificar tratos diferenciados y sostener desigualdades sociales es uno de los grandes problemas a superar el día de hoy. Por otro lado, la miopía de la indiferencia y el no tomar posición frente a lo que aqueja a los demás solo contribuye al mantenimiento de las desigualdades sociales en nuestro país. ¿Qué hacer entonces? Involucrarnos, educarnos y reivindicar la humanidad de todos y todas, aún si no la comprendemos en su totalidad.

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