Mayor transparencia para una mejor performance pesquera

Si bien nuestro país es líder en Latinoamérica respecto a la geolocalización de naves pesqueras, en otros aspectos exige una mirada que entienda la transparencia como el componente básico de una gestión pesquera sostenible.

Muchas veces se afirma que la información es poder. Sin embargo, en el caso de la gestión pesquera se requiere mucho más que información para la transparencia, se debería tener acceso público a los procesos, decisiones, resultados y performances vinculadas a la gestión pesquera.

El rol principal en esta voluntad informativa lo cumple el sector público – en el caso de la pesca es principalmente IMARPE y el Ministerio de la Producción– ya que todos debemos estar al tanto de las decisiones que impactan sobre el uso y la intensidad de la explotación de los recursos marinos en el Perú.

Actualmente, la Ley General de Pesca no regula el deber del Ministerio de la Producción de difundir información al público sobre la gestión pesquera. | Fuente: Andre Baertschi

El Estado Peruano debe facilitar la consulta y participación efectiva de las empresas, los trabajadores de la pesca, las organizaciones de la sociedad civil y todo interesado en el tema, tal como lo señala el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO.  Por tanto, la transparencia es mucho más que el acceso a la información pública: es un factor que determina las relaciones entre el Gobierno y el resto de la sociedad peruana. Es claro que para una mejora sustantiva se necesita mayores recursos, económicos y humanos. Hay que tomar en cuenta, por ello, la importancia de convertir la transparencia en un factor de competitividad. ¿A qué nos referimos con esto?

Pues que, al tener más data y mejor documentada, se reduce la incertidumbre en torno a las inversiones pesqueras, generando estabilidad económica. Es tan simple como saber oportunamente qué ocurre con las diversas especies comerciales –tanto de peces como de mariscos como la anchoveta, la pota, la caballa, el bonito, el jurel, entre otros– de modo que las decisiones empresariales no originen pérdidas y se pueda competir mejor en ciertos mercados internacionales, estableciéndose trazabilidades a través de su cadena de valor. En consecuencia, la transparencia no es solo una actitud de apertura: es trabajo de sistematización informativa, bajo reglas, procedimientos y roles bien definidos y conocidos por los actores interesados.

Hoy en día, existe una gran desproporción entre la información que se recopila comparada con aquella que finalmente se publica. También hay un desfase en la publicación, pues se pierde el valor de lo oportuno. Por ejemplo, PRODUCE todavía no publica el anuario del 2017, mientras que la III Encuesta estructural de la pesca artesanal del 2015 del IMARPE aún no es pública.

Es decir, hay una demora tan grande entre la investigación y la publicación, que, al llegar a los interesados, los datos han perdido parte de su valor. De esta manera, se influye negativamente en las decisiones de autoridades y especialistas, generando situaciones que además impiden el fortalecimiento de instancias de debate y discusión.

Lo que se demanda cada vez más desde los mercados, es contar con información oportuna no sólo de la información pesquera sino también transparencia en sus mecanismos de análisis y decisión. Esto, sin duda, llevaría a mejorar performances en la gestión pública, generando una mayor confianza en las autoridades (políticas y científicas) así como de los demás actores involucrados.

 

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